Un estado, entendido como «conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano», necesita financiación, o financiamiento, como decimos en varios países de América, para llevar a cabo sus funciones. La manera más elemental de obtenerlo es mediante los impuestos, pero a veces esto resulta insuficiente, ya sea por una muy baja tributación o por una mala planeación de presupuestos de parte del gobierno, así que ocasionalmente los estados optan por crear más dinero y ponerlo en circulación.
Con esta medida se estimulan las actividades económicas y el estado se ve temporalmente favorecido por una mayor captación de impuestos, pero tiene su lado malo: poner más dinero en circulación suele generar inflación. Esto se explica porque a mayor dinero circulante, mayor demanda de productos y servicios, lo cual deriva (en regímenes económicos de libre mercado) en un alza generalizada de precios. La inflación hace que el valor real del dinero —lo que con él puede adquirirse— disminuya. Por ejemplo, en 1997 compré con 500 pesos una bici de montaña, pero hoy necesitaría por lo menos el doble de dinero para comprarme una nueva bicicleta de iguales características.
Hay otro mecanismo por el cual un estado puede hacerse de recursos financieros para su operación, que consiste sencillamente en pedir prestado a todas aquellas personas, organizaciones y gobiernos de cualquier parte del mundo que tengan algo de dinero "extra". Para que el préstamo resulte atractivo al potencial prestamista, el estado promete devolverle su dinero, al cabo de algún tiempo, añadiéndole un interés (ganancia) que por lo general es mayor al que puede obtenerse con una cuenta de ahorro bancaria. Sin embargo, al estado le resultaría tremendamente complicado celebrar un contrato de préstamo con cada individuo de cualquier parte del mundo dispuesto a prestarle el dinero de su alcancía, por lo cual recurre a un mecanismo muy práctico llamado bono. No hablo del vocalista de U2 (que si todos los políticos fueran como él estaría yo escribiendo otras cosas), sino de una especie de letra o pagaré pero, al portador, con vencimiento de meses, años o incluso décadas.
Cuando el estado se ve necesitado de dinero hace una subasta de miles de bonos y todo aquel que tenga el suficiente dinero como para comprarse una bici de montaña (con lo cual ese individuo lo invertiría muy sanamente), puede optar por gastárselo en uno o más de los llamados bonos del tesoro o del estado. Con esa operación el que aporta el dinero confía en que, cuando venza el documento, el estado emisor del bono habrá administrado de manera eficiente la economía de su país, éste habrá generado riqueza a través de la actividad productiva de su población, sin mal gastar dicha riqueza ni el propio dinero del préstamo, y entonces el estado le habrá de regresar una cantidad algo más alta (retorno de inversión) que le alcanzará para comprarse, además de la bici, un casco y un helado de zapote.
Los bonos, como casi siempre son títulos de deuda al portador, pueden ser transferidos por el inversionista a cualquier persona. Entonces resulta habitual que muchos poseedores de bonos, vendan estos en algún momento, ya sea por necesidad de liquidez inmediata o por alguna repentina desconfianza en la capacidad de pago del estado deudor. Pero también es relevante decir que la compra-venta de bonos es una forma ciertamente extendida de hacer negocio, y que muchos bonos se utilizan hoy en día en forma de reservas (como tener oro almacenado por si acaso ocurre un imprevisto) y para comprar bienes y servicios (a manera de dinero).
El problema para el poseedor de un bono es que si el estado emisor del documento hace un mal manejo de su economía, mal gasta la hacienda pública, su población no produce la riqueza suficiente o el país como tal incurre en alguna crisis, puede no llegar a recibir a tiempo el dinero y los intereses que representa ese bono, o incluso no recibirlos jamás. Situaciones así han ocurrido a lo largo del último siglo, donde más de un país se ha visto en serios aprietos al no poder hacer frente a las deudas que ha contraído mediante emisión de bonos.
Hace muchos años surgieron las llamadas agencias de calificación de riesgos (como las odiosas Standard & Poor's, Moody's y Fitch, cuya reputación quedó en entre dicho tras la crisis financiera de 2008). Estas empresas se dedican, grosso modo, a señalar qué tan confiables son las inversiones en una u otra cosa, incluyendo los bonos estatales de los diferentes países que emplean este divertido mecanismo de conseguir dinero rápido. Las calificaciones hechas por estas agencias les permiten a los inversionistas decidir entre comprar bonos de un país o de otro, ya no sólo con base al rédito ofrecido, sino también considerando la probabilidad de que dichos bonos vayan a ser pagados debidamente en su fecha de vencimiento.
La mayor calificación que otorgan estas entidades es la triple A (AAA), que no se refiere a la lucha libre mexicana xD. Es simplemente una forma de decir que el bono de tal país es altamente confiable, estable y que tiene el grado más pequeño de riesgo. Resulta que los bonos del tesoro de Estados Unidos de América han gozado durante años de esa magnífica categoría, pero desde las últimas dos o tres administraciones se ha venido gestando un espinoso escenario que quizá empuje a las agencias calificadoras a darles una posición menor en los próximos días.
Estados Unidos debe en bonos del tesoro miles de millones de dólares a tenedores de todos los tamaños (individuos, empresas, gobiernos) y de todas partes del mundo. Tenedores que en algún momento, creyendo ciegamente en la solvencia del gigante norteamericano, le prestaron dinero (directa o indirectamente) y obtuvieron a cambio estos venerados documentos que han venido cuidando y manejado como si fueran un auténtico tesoro, haciendo planes y negocios con base al dinero futuro que cobrarán cuando los documentos lleguen a su respectiva fecha de vencimiento.
En ese país, la ley impide que la deuda pública total del estado (entre bonos y otro tipo de deudas contraídas) sea superior a 14.29 billones de dólares, es decir, 14.29 trillones gringos es el techo o tope máximo de deuda que el estado puede permitirse. Por ahora desconozco la razón de esa cifra en específico, pero el hecho es que esta se alcanzó o estuvo a punto de alcanzarse a mediados de mayo y entonces el gobierno tomó medidas emergentes (ajustes de gastos, contables y fiscales) para darse algo más de tiempo y componer la situación.
Pero ya se llegó a un punto crítico: si no se hace nada, este martes 2 de agosto Estados Unidos amanecerá con la incapacidad económica de su gobierno para cumplir debidamente sus funciones y sus obligaciones de deuda. Tendrá que recortar gastos en diferentes áreas de la administración y posiblemente entrar en suspensión o moratoria de pagos. Esto no agradaría en absoluto ni a los empleados del gobierno, ni a los contratistas, ni a las empresas del país, ni a los inversionistas, ni a los actuales tenedores de bonos. Sometería a la economía mundial a una fuerte presión, a una prolongada incertidumbre y a un temeroso ánimo por retener capitales, pues esta economía global en la que vivimos está cimentada sobre la aparente fortaleza del dólar y de los bonos estadounidenses.
El siguiente enlace muestra cuáles son los 15 mayores acreedores de Estados Unidos en materia de bonos del tesoro, con China a la cabeza ostentando la friolera cifra de 1.15 billones de dólares:
Pueden hacerse varias cosas para salir del paso nuevamente, los políticos estadounidenses —demócratas y republicanos— intentan ponerse de acuerdo en el método: aumentar el techo de endeudamiento para poder seguir captando dinero de un futuro cada vez más extraño, adelgazar el estado (recortes en gastos del gobierno y despido de funcionarios), aumentar impuestos o una combinación de las tres cosas.
Echemos un último vistazo a las noticias del día...
¿Notan lo frágil que es este mundo? Mejoremos el sistema antes de que el propio sistema nos deje a todos en default.
Al González.
"¿Notan lo frágil que es este mundo? Mejoremos el sistema antes de que el propio sistema nos deje a todos en default."
ResponderSuprimirMuy frágil, realmente, estamos a merced de los de "arriba" y no podemos hacer 'casi' nada.
USA a empapelado al mundo con sus dólares "sin fondo". ¿No es paradójico que el país más poderoso del mundo también sea el que más endeudado está?
ResponderSuprimirUna utópica solución sería que los demás gobiernos tuvieran los pantalones para adoptar otra moneda o patrón (oro) y dejar de lado al dólar. Pero por lo que mencionas líneas arriba, si se hiciera esto, muchos países quebrarían...
Mientras menos solidarios sean aquéllos que detentan el poder (en todos los ámbitos), nuestro mundo estará tristemente condenado a morir.
"La peor plaga que azota a este planeta es la raza humana". RUJ
La economía del mundo es un asunto tan serio y a la vez complejo, que me parece asombroso que iniciando el siglo XXI haya tan pocas personas noblemente interesadas en ella y tan escaso número de computadoras trabajando al son de ese interés.
ResponderSuprimirLa paradoja será cuando el software, y no el hombre, sea quien salve al hombre.
Al González.